Blog de Zinia

Espacio de temas esotericos y espirituales

SOLO FALTAN SIETE DÍAS PARA LA NAVIDAD

diciembre17

Solo faltaban siete días para la Navidad. Aún no me ha atrapado el espíritu de estas fiestas. Los comercios están llenos de gente, y dentro de las tiendas el caos es mayor. No se puede ni pasear por los centros comerciales.

Me duelen los pies y además mi cabeza, no para de dar vueltas con toda esta aglomeración de gente, muchos de ellos no compran, como yo solo miran. En mi lista están los nombres de las personas que me dicen que no quieren nada, pues con la crisis saben que muchas veces no hay dinero para gastar,  pero yo se que si les compraba algo sé sentirían mejor.

Llené rápidamente el carrito con mis compras y me dirigí a las colas de las cajas registradoras. Escogí la más corta, calculé que serian por lo menos veinte o treinta minutos de espera.

Frente a mí había dos niños, un niño de 10 años y su hermana de 5 años. Él estaba mal vestido con un abrigo muy estropeado, zapatos deportivos muy grandes, para el,  a lo mejor tres números de pie más grande. Los pantalones le quedaban cortos. Llevaba en sus sucias manos unas cuantas monedas.

Su hermana vestía como él, sólo que su pelo estaba enredado. Ella llevaba, en su mano, un par de zapatos de mujer dorados, resplandecientes y nuevos. Los villancicos navideños resonaban por toda la tienda y yo podía escuchar a la niñita tararearlos. Al llegar a la caja registradora, la niña le dio los zapatos cuidadosamente a la cajera, como si se tratara de un tesoro.

La cajera les entregó el tiquet y dijo: son 6,99€ El niño puso con sus manitas sus monedas en el contador y empezó a rebuscarse mas en  los bolsillos.

Finalmente contó 4,12€, bueno pienso que tendremos que devolverlos, volveremos otro día y los compráremos, añadió. Ante esto la niña dibujó un puchero en su rostro y dijo: “Pero a Jesús le hubieran encantado estos zapatos”.

Volveremos a casa trabajaremos un poco más y regresaremos por ellos. No llores, vamos a volver. Yo en ese momento pensé, les faltan casi tres euros, metí la mano en mi bolsillo y los deposite delante de la cajera. Ellos habían estado esperando en la cola por largo tiempo y después de todo era Navidad.

Y en eso un par de bracitos me rodearon con un tierno abrazo y una voz me dijo: “Muchas gracias señora”.

Aproveché la oportunidad para preguntarle que había querido decir cuando dijo que a Jesús le encantarían esos zapatos. Y la niña con sus grandes ojos redondos me respondió:

- “Mi mamá está enferma y yéndose al cielo. Mi papá nos dijo que se iría antes de Navidad para estar con Jesús. Mi maestra de catecismo dice que las calles del cielo son de oro reluciente tal como estos zapatos. ¿No se le verá a mi mamá hermosa caminando por esas calles con estos zapatos?”

Mis ojos se inundaron al ver una lágrima bajar por su rostro radiante. Por supuesto que sí, le respondí. Y en silencio le di gracias a Dios por usar a estos niños para recordarme el verdadero valor de las cosas y el sentido de amor de la Navidad.

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